Reflexiones Cristianas - Antes de vencer a Goliat. Episodio I  Cuando hablamos de David y su encuentro con el gigante Goliat, todos tendemos a centrarnos en el meollo de la cuestión, en la escena que nos recuerda a las viejas películas de vaqueros con el chico malo enfrentado al chico bueno, mirándose a través del campo por dónde el viento arrastra una ocasional mata de paja. Sabemos el final, pero igualmente siempre nos gusta leer sobre cómo el pequeño vence al gigante; una victoria improbable para las habilidades y las probabilidades humanas, pero segura y contundente para quienes creemos en un Dios capaz de ayudarnos en momentos difíciles o aún imposibles. Pero en esta corta serie nos centraremos en la previa, en los enemigos que David tuvo que enfrentar y vencer antes siquiera de dirigirse hacia la mole humana que venía hacia él con afán sacarse esa pequeña molestía de encima como si fuera una mosca. Toda victoria tiene una elaboración, una preparación previa que se puede olvidar cuando se narra la historia del conflicto en sí. Los ejércitos vencedores rara vez lo son por efecto del azar, sino que están preparados, equipados y motivados para enfrentar y salir victoriosos en situaciones que, a priori. Enemigo 1: su propio miedo. ¿Cómo no empezar a temblar cuando un tipo de más de dos metros se te viene encima? ¿Cómo hacer para que cuando él empieza a moverse hacia vos no dejes todo y salgas corriendo pensando que fue mala idea hacer alarde de lo que podías hacer? ¿Cómo ponerse a pensar siquiera que podés tener la loca idea de ponerte enfrente de un experto asesino para plantarle batalla? ¿Qué posibilidades tenés de ganarle?
¿Qué te impide creer? Esas preguntas nos hacemos muchas veces cuando problemas del tamaño de Goliat se nos vienen encima, cuando situaciones inesperadas se nos cruzan en el camino. Muchas veces el miedo se hace presente y tendemos a dejar la honda y las piedras en el suelo mientras corremos a velocidades dignas de figurar en el Guinnes. ¿Cómo hizo David entonces? ¿Qué le hizo no dudar ni siquiera un paso cuando se dirigía hacia el gigantón? El secreto se encuentra en lo que él mismo nos dice: "El Señor que me ha librado de las manos del león y del oso, también me librará de las manos de este filisteo... tú vienes contra mí con espada, lanza y jabalina, pero yo voy contra ti en nombre del Señor Todopoderoso, el Dios de los ejércitos de Israel... el Señor te entregará en mis manos... todos los aquí reunidos sabrán que el Señor no salva con espada ni con lanza. Esta batalla es del Señor, y él los entregará a ustedes en nuestras manos" 1 Samuel 17.37, 45, 46, 47. ¿No conocía David el miedo? ¿Había nacido con un tipo de ADN especial que lo hacía no temer dónde otros más experimentados que él temblaban?. Seguramente que David había pasado por la experiencia del miedo, dado que era humano como nosotros. La diferencia está en que en algún momento, mientras cuidaba las ovejas de su padre él solo en un ambiente dónde leones y osos andaban por ahí buscando hacer presa de sus ovejas, decidió oponerle a su miedo la confianza en el Dios del que seguramente había escuchado hablar a sus mayores y con el que él había tenido relación desde niño. Osos y leones fueron testigos infortunados de la fe de aquel muchacho que los enfrentaba armado de palos, ondas, muchas piedras y un poderoso protector que luchaba a su lado.
La fe nos dirige del miedo a la confianza. Vemos que en todo momento David atribuía lo que él podía hacer contra Goliat a lo que el Señor había hecho por él en el pasado. La tesis era la siguiente: me ayudó antes, lo hará ahora. Y funcionó para él y para todos los que han tenido en sus vidas luchas contra gigantes que venían a poner en duda su fe. Nosotros también podemos estar atravesando por un momento decisivo en nuestras vidas. Hay lugar para nuestras capacidades o habilidades en esta lucha, como veremos más adelante, pero el factor decisivo es ese instante en el que decidimos poner nuestra fe en las capacidades y en el cuidado de Dios para con nosotros contra el miedo que alguna situación nos pueda ocasionar. Si tenemos una historia personal donde hayamos sido librados por la mano del Señor, hoy también podemos decir: "El Señor me libró y lo hará también hoy". Quizás hasta acá sólo conozcas la derrota. Entonces es un buen momento para salir del ámbito del miedo y vencer en el nombre del Dios en el que decís confiar. Los gigantes, los problemas y las situaciones dolorosas quizás no dejen de venir a enfrentarte, pero la diferencia la hará en quién confiás para vencer tus miedos en primer lugar. Con ese primer enemigo vencido, la victoria de David era segura. A Goliat le quedaban segundos de vida; podía gritar y hacer alarde de su fortaleza por un instante, pero una piedra dirigida por una mano sin miedo demostraría lo que la fe de una persona puede hacer. Quizás en este instante estemos caminando hacia nuestro propio Goliat, quizás la sensación de miedo quiera hacerte dejar la lucha para otro día (aunque el desafío nos seguirá hasta que nos decidamos a pelear), pero mirá otra vez la situación, esta vez con los ojos de la fe y verás que quien va a tu lado es quien te ha librado en otras ocasiones. Ponéte a juntar las piedras y empezá a revolear tu honda. De la dirección de la piedra se encarga Él.
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