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Reflexiones Cristianas - Con olor al Maestro
Hay olores que se nos quedan pegados en la ropa y que los llevamos a dónde quiera que vayamos. De ese modo, es inevitable que si estuvimos cocinando alguna fritura y no nos cambiamos la ropa, todo aquel con el que nos crucemos va a tener una idea exacta de lo que comimos al mediodía. Hay otros aromas más agradables que también se nos quedan, como un buen perfume. Lo cierto es que muchas veces, los perfumes que acarreamos dicen mucho de dónde anduvimos y qué estuvimos haciendo.
 
"Entonces, viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo, se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús. Y viendo al hombre que había sido sanado, que estaba en pie con ellos, no podían decir nada en contra"  Hch. 4.13, 14
Era notorio, esos dos pescadores habían estado con Jesús. La conclusión saltó inmediatamente delante de los ojos de aquellos hombres que habían arrestado al par de apóstoles. No era que habían ido a estudiar ni que habían tenido alguna clase de preparación formal, sino que el contacto con aquel odiado maestro los había marcado. El problema para la gente del sanedrín no había desaparecido con la muerte de Jesús, sino que ahora el problema se había multiplicado grandemente.

Era como si Jesús mismo se había dividido en muchos, llenando a Jerusalén de su mensaje. Algo había pasado que había hecho que esos hombres, que ahora deberían estar escondidos por temor a las autoridades, se les plantaban frente a frente con una valentía cercana a la temeridad ¡No había amenaza que los pudiera hacer callar! Se notaba que habían estado con Jesús.
 
En cuánto a los discípulos, ellos estaban haciendo lo que su Señor les había dicho que hicieran, ni más ni menos. Pero esa obra no era llevada adelante por ellos solos, sino que la promesa dada por Jesús antes de partir, de investirlos de poder para atestiguar de él ante otros, era ahora una realidad que los desbordaba de tal manera que no podían, ni querían (Hch 4.20), hacer otra cosa que cumplir con el mandato que se les había entregado.
 
Ese poder, la presencia misma de la vida de Cristo en ellos por medio del Espíritu Santo, los llenaba y los impulsaba hacia adelante como el viento llena las velas de los barcos para impulsarlos a través de las olas. Ese poder se evidenciaba en la valentía notoria que ellos poseían ahora para hablar de Jesús a otros y por las maravillas que eran hechas por medio de ellos. Esas cosas atestiguaban que ellos eran de Cristo. No hacía falta que formaran comisiones o departamentos para saber qué hacer, pues vida y misión eran para ellos exactamente lo mismo.

Sus vidas eran el medio por el cual el Cristo resucitado vivía y obraba. Era por eso que ellos tenían olor a Cristo, olor que esparcían por todos lados.
¿Qué olor vamos dejando mientras nos movemos entre los demás? ¿Estamos tan cerca de Cristo que los demás se dan cuenta solos que somos de él? La vida de Cristo, vivida a través de aquellos que se dicen ser suyos, es lo que se necesita hoy. Habiendo tanto mal perfume alrededor, es necesario que nosotros no dejemos de pasar momentos ante la fragante presencia del Maestro, para llenarnos nosotros de su olor y para que otros vean a nuestro pasar la vida que se esconde en la nuestra. 
 
Hemos sido llamados por nuestro Dios para esparcir el perfume de su salvación entre aquellos que todavía no gozan de una relación con él. Lógicamente, todo perfume para ser disfrutado debe salir del estante en el que está y su tapa debe ser abierta para que comparta con otros lo que hay en su interior. Y si en ese interior hay perfume de Cristo, su olor inundará el lugar y llevará a otros a querer también para sí ese olor; olor a vida.
Comentarios
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juan carlos tigreros   |190.97.91.xxx |2011-08-18 08:51:12
meparese muy exelente este material
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