
Reflexiones Cristianas de Navidad - Extraña conversación de nochebuena
Cuentan algunos, que lo escucharon de otros, que a su vez a ellos otros más les dijeron, que una nochebuena
tuvo lugar una conversación que fue escuchada por un caminante que pasaba junto a aquellos dos que conversaban de la siguiente manera:
-Vos sabés bien que esto que pasa nunca fue mi intención-
-Lo sé
Noel, lo sé.
-Es que me pone muy triste ver como te han dejado afuera de tu propia fiesta. En serio, nunca quise que esto pasara ¡Y menos que quien ocupara tu lugar fuera yo! Veo mi imagen por todos lados, en cada vidriera, en cada casa, pero de vos no veo nada.
-No te preocupes amigo mío. Lamentablemente es parte de la naturaleza de mis hermanos humanos eso de alejarme de ellos. Yo he venido para acercarlos a mí, pero aún así, ellos persisten en cambiarme por cualquier cosa que les convenga. Ese es el daño que ha provocado el mal en ellos desde que decidieron que podían vivir sin mí.
-¿Te debemos dar mucha bronca, no? Digo, somos muy ingratos y de muy mala memoria.
-Realmente no me da bronca. Vos bien sabés que todo lo que entregué lo hice aún sabiendo que muchos lo iban a rechazar, que a otros no le iba a importar y que aún los de mi familia en el Espíritu muchas veces me iban a fallar. Así y todo, nunca dudé en dar todos los pasos necesarios para que ustedes pudieran una vez más estar en mi compañía. Todavía no se dan cuenta que mi vida es el regalo que ellos necesitan de manera urgente en sus vidas; al contrario, aunque es el regalo indispensable, es el único en el que no piensan durante esta época del año.
-Un regalo que yo nunca podré dar- Pensó en voz alta
Noel -Un regalo que yo mismo necesito y quiero recibir. Un regalo que dura por siempre.
-Has dicho una gran verdad amigo mío. Bueno, tengo que seguir recorriendo las calles buscando a aquellos que si abrirán su corazón para recibir mi regalo. ¡Nos vemos el año que viene!
-¡Nos vemos Señor!- dijo Noel mientras metía sus manos en los bolsillos y miraba con una sonrisita triste a un pobre hombre disfrazado de rojo que, bajo el calor del verano tocaba una campanita frente a una gran juguetería.
No sé si la charla habrá sido cierta o no, pero ojalá que en esta Navidad no dejemos pasar la oportunidad de recibir y disfrutar del único regalo del que no podemos prescindir. Para ello, sólo hace falta que le abramos nuestro corazón a Jesucristo para que él lo limpie de cada acción, de cada palabra, de cada pensamiento que nos haya alejado de él.
Abramos la puerta de cada corazón y hagamos de la vida de Cristo en nosotros el mejor regalo para esta Navidad.
De esa manera, podrás entender lo que realmente significa la frase, tan repetida en estos días, pero tan vacía de contenido:
¡Feliz Navidad!
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