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Reflexiones Cristianas - El Cordero despreciado. Isaías 53

“Le veremos, más sin atractivo para que le deseemos... Despreciado y desechado entre los hombres... fue menospreciado, y no lo estimamos... y nosotros lo tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido” Tales son las palabras con que se describe, de manera profética, la reacción que iría a causar el Siervo de Dios entre la gente de su pueblo cuando viniera a la tierra. Juan, escribiendo en retrospectiva, nos deja palabras similares: “En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. A lo suyo vino, más los suyos no le recibieron” (Jn 1.10, 11) Lo que nos muestra una gran paradoja en cuanto a lo que la figura del Cristo se refiere. Aquel que venía a hacer el mayor bien, fue incomprendido por aquellos por los que dejó la gloria para venir a vivir como uno de nosotros.


Nos sorprende y a la vez puede hacer que nosotros emitamos juicios apresurados sobre aquella generación que despreció a su Mesías. Podemos ponernos en fiscales y acusarlos de ciegos y de ser duros de corazón. Pero al hacerlo, nos estaremos acusando a nosotros mismos y a nuestra generación, ya que si el tiempo de la llegada del Mesías a la tierra, hubiera sido el nuestro, lo mismo se hubiera escrito de nosotros. Es que aún hoy Cristo es despreciado por la mayoría, aún de los que se digan cristianos. Es despreciado por todos aquellos que le resten importancia a su muerte. Es despreciado entre los suyos, cuando pensamos en la cruz únicamente como un ingrediente en nuestras vidas y no como lo más importante y lo único realmente esencial. Se desprecia la cruz entre los que nos decimos cristianos cuando no queremos asumir la responsabilidad diaria de tomar nuestras propias cruces e ir en pos de Cristo.

Desde cierto punto de vista muy en boga hoy, podríamos decir incluso que Jesús fue un proyecto que fracasó. Hoy, cuando aún los ministerios se miden con parámetros de éxito más afines a lo empresarial que a otra cosa, Jesús hubiera sido contado entre los que por no llenar estadios están entre los menos bendecidos. Es que ayer y hoy, se tiende a medir a Cristo con parámetros meramente humanos. En su época fue despreciado por los que deseaban que trajera una salvación a la medida de sus propios deseos. En la nuestra es despreciado cuando nos enfrenta con la necesidad de la cruz, haciendo a un lado nuestros deseos de hacer de él sólo el proveedor de bendiciones. Es que el Cordero de Dios no vino a satisfacer nuestras necesidades, sino a ofrecernos el medio por el cual poder estar en condiciones de tener una relación correcta con su Padre. Nos abrió la puerta hacia una nueva vida a través de su vida. No vino como un genio salido de una lámpara mágica, siempre dispuesto a obedecer nuestra voluntad, sino como el que venía a salvar a los que aceptaran su señorío.
Venía a salvarnos por medio de su sacrificio para que todos los que éramos deudores a Dios pudiéramos tener entrada ante el mismo trono de gracia. El que fue despreciado vino a amarnos. Sin importar nuestro desprecio, se ofreció libremente y en amor por cada uno de nosotros. No nos despreció ni nos desprecia por nuestros pecados, sino que aún sigue llamando a todos los que acudan a él buscando la salvación de sus vidas.

No despreciemos a Cristo y su cruz, tratando de que él sea sólo algo más en nuestras vidas, sino démosle el lugar central que él merece por lo qué en la cruz hizo por nosotros.
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