Reflexiones Cristianas - La fuerza del pero. Nm 13.25-33 No es una de las palabras más grandes, pero tiene la extraordinaria fuerza de diferenciar entre cosas opuestas y, en nuestro caso, tiene la fuerza de interponerse entre lo que Dios promete y nosotros. Es la palabra que divide a los que avanzan de los que quedan en el camino. Es una pequeña palabra que le dice a Dios: “Está bueno lo que prometés, pero me va a costar mucho. Gracias pero paso”. A veces ni siquiera hace falta que digamos la palabra, pero se deja ver a través de las actitudes que tenemos frente a los desafíos de Dios. Tiene el poder paralizante que al enemigo de nuestras almas tanto le fascina ver en nosotros.
Lo que diferenció a Caleb y a Josué del resto fue que ellos no se animaron a decir pero a la propuesta de Dios. Vieron por sí mismos que lo que Dios les había prometido al salir de la esclavitud de Egipto era total y absolutamente cierto. La tierra recorrida era hermosa e iba a ser de ellos si tan sólo se acordaban de la clase de Dios en el que creían. Dios se la había prometido a ellos y como garantía de que él era capaz de hacer lo que decía, estaban todos los milagros que se habían realizado antes y durante la salida del pueblo de la esclavitud. El rey del imperio más grande de su tiempo, el faraón de Egipto, no pudo detenerlos, porque Dios estaba con ellos. Un mar no fue barrera impenetrable para el pueblo que huía, porque Dios lo había abierto en dos. El calor del desierto no había ni siquiera quemado a uno de ellos porque la nube los cubría de día. El hambre y la sed de ellos habían sido suplidas por la mano de Dios. ¿Qué razones podrían invocar entonces para no creer en que Dios podría entregar en sus manos la tierra que les prometió, aún cuando la gente de allí fuera fuerte? Los diez espías incrédulos no negaban que la tierra fuera buena, pero las dificultades les parecían demasiadas. Por ello, luego de dar informe de la bondad de la tierra, introducen la palabra pero (comienzo del vs 28, la palabra mas de alguna de nuestras versiones es, justamente, otra forma de decir pero). Esa pequeña palabra los separó a ellos y a su generación de la promesa de Dios para siempre. Tan sólo esa pequeña muestra de una gran incredulidad y los espías fueron condenados a morir de peste en el desierto (14.36, 37) y los que los escucharon fueron muriendo en el desierto a largo de cuarenta años, siempre lo suficientemente cerca de la tierra prometida como para recordarles el costo de su incredulidad (14.20-35) Tristemente hoy como ayer parecen ser los menos los que se animan a creerle a Dios en todo lo que promete. En esa generación, sólo dos llegaron a entrar y heredar su lugar entre las tribus de Israel. Los únicos dos que no le dijeron pero a Dios y que se atrevieron a creer. ¿Podremos revertir la situación actual, haciendo de nosotros una generación de Josués y Calebs que vivan para creer las promesas de Dios? Esas promesas están allí, Dios ha dado la palabra. A nosotros nos toca decidir seguir sin creerle y quedarnos en nuestra comodidad, o ir hacia delante sólo confiados en que él ha dicho que adelante está lo mejor, aún cuando por el camino encontremos dificultades. ¿Con cuánta frecuencia escucha Dios la palabra pero de tus labios cuando él te propone algo? Oremos para que nuestros peros sean sólo dirigidos al pecado de incredulidad que habita en medio de nosotros.
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am se ve que esta nuy kinda pero esta muy larga y ahy muchos que no les gusta
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