Habían pasado sin duda uno de aquellos días inolvidables experimentando el misterioso poder de su maestro. Todavía estarían meditando acerca de los hechos de aquel día cuando el maestro les dijo que fueran ellos en la barca al otro lado del lago. Él se quedaría a despedir a la multitud que se había congregado ese día. Era noche cerrada cuando de repente el viento les hizo el viaje cada vez más complicado. No era una de esas tormentas que pudieran hacerlos desanimar, pero sin duda que los estaba llevando al límite de sus fuerzas, pues estaban remando contra el viento y contra las olas. En esas condiciones era incluso improbable poder mantener el rumbo o saber exactamente dónde uno está parado.
-Qué vientito, ¿No?- Dijo uno de los discípulos, con una mueca de disgusto.
-En serio che, pareciera que por más que rememos estamos siempre en el mismo lugar- Repuso otro.
Siguieron remando un buen rato y ya sentían calambres en los brazos por el esfuerzo. Los diálogos en esta nota son imaginarios pero bien pueden haber sido reales, más si nos acordamos de tormentas que nosotros mismos hayamos pasado.
-¿Tanto va a tardar el maestro en despedir a la gente?- Por fin dijo uno.
-No estaría mal que nos diera una manito acá- Acotó el que estaba cerca del anterior.
-Quizás le importa más aquella gente y sus problemas que lo que nos está pasando a nosotros ahora- Se escuchó en el fondo de la barca
-¿Sabrá que estamos en un problema importante acá, solos en el medio del lago?- Preguntó uno al tiempo que una ola más grande de lo habitual golpeaba la barca.
-¿Dónde está ahora que nosotros lo necesitamos?- Alcanzó a decir algún otro antes de tener que agarrase con fuerza del costado de la barca cuando dos olas sucesivas amenazaron con hundirla.
Pero algo ellos ignoraban que nosotros podemos nosotros saber al leer el relato de Marcos: "Jesús, que se había quedado solo en tierra vio que remaban con dificultad, porque tenían el viento en contra" 6.47, 48 (DHH) Él nunca había perdido de vista a sus amigos que estaban en la barca. Siempre los tuvo al alcance de sus ojos, siempre él tuvo el control sobre lo que estaba pasando. Ellos, al menos once de ellos, habían sido dados a él por el Padre y ninguno de ellos se perdería estando él de guardia. Me pregunto ahora si cuando oraba en el monte no habrá estado pidiendo para que ellos sean guardados de esa prueba. Sea como sea, ellos no estaban a merced de los elementos sino que estaban bajo el cuidado de su Maestro quien, aún cuando pareciera no estar, nunca dejó de estar presente allí con ellos.
Es algo que nosotros debemos recordar cuando nos toque pasar por diferentes situaciones que se asemejen a remar contra un viento impetuoso, dónde nuestras fuerzas y nuestros recursos fallen: que él está allí con nosotros aún cuando no lo veamos y que él sigue en control de todo aún de las tormentas más feas que nos toquen afrontar.
Notemos que el Señor no les ahorró el trabajo de remar a sus amigos, sino que apareció cuando él consideró necesario hacerlo. Nosotros también querríamos que él nos ahorrara el pasar por las tormentas y cuando no lo hace somos de perder el ánimo, viendo todo lo que falta para remar. Pero estemos tranquilos y seguros teniendo esta seguridad: él nos está viendo y bajo su mirada estamos seguros, pues su mirada es muestra de su cuidado por nosotros. Y cuando él lo considere el tiempo adecuado se hará presente a nuestro lado de una manera más fuerte para calmar la tormenta. Que él sea capaz de caminar sobre las aguas que a nosotros nos dan miedo nos debe dar más seguridad en su poder y en su cuidado por nosotros.
¿El cielo se va poniendo negro y ya soplan fuertes vientos en tu vida? ¿Hace rato que venís remando sin que parezca que avanzaras nada? Jesús está en control de esa situación que a vos te vence. Confía en él, reconocé que él siempre está a tu lado y él te llevará a salvo a la seguridad de la otra orilla.
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am se ve que esta nuy kinda pero esta muy larga y ahy muchos que no les gusta
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EN Q TEXTO BIENE.PUES SI HACEN LEñA DEL ARBOL CAIDO QUE SE PUEDE ESPERAR DE LAS
RAMAS?