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Reflexiones Cristianas - Nuestro desafío [Matrimonio homosexual]
 
No debemos asombrarnos: nuestro país no se rige por la Biblia y como tal vive. Por lo tanto es ilusorio pensar que nuestras razonamientos, por más bíblicos que sean, serán entendidos o compartidos por aquellos que todavía no han sido llevados a la nueva vida en Cristo por medio de la fe. Por eso es que no debe asombrarnos tampoco el que se legisle en contra de la voluntad y los planes de Dios para con la familia, aún invocando que conocen al Dios de la Biblia, del que sólo parecen saber que es una persona buena y comprensiva, que cambia con los tiempos y caprichos de la humanidad, un Dios demasiado parecido a ellos y muy distante del Dios bueno, misericordioso, todo amor y a la vez santo, justo y soberano del que nos habla la Biblia. Por lo tanto, no es raro, es muy natural que desconociendo la revelación divina como autoridad, se tome que lo que diga la Biblia carece de sentido o de relevancia en este mundo tan "evolucionado" de hoy.
Y el estado de una humanidad de esas características legislará con su sabiduría (o conveniencia, dependiendo del caso) en los casos que crea necesario legislar para cubrir los derechos de todos, nos guste o no, lo compartamos o no. Carentes de la luz del Espíritu dicha legislación tratará de enmendar (si se hace de buena fe, al menos) los males que ellos vean como tales, aún cuando nosotros veamos que muchos de esos remedios lo único que hacen es agravar el estado de las cosas, desde el punto de vista de Dios y de la bendición del Altísimo sobre nuestro país. Sabemos que lo legislado aparta a nuestro país de la bendición de Dios, pero lo sabemos nosotros, porque contamos con la revelación bíblica y la asistencia del Espíritu; no pidamos ni pretendamos que ellos entiendan esas cosas igual que nosotros.
¿Qué nos toca hacer en medio de esto? Lo mismo que deberíamos hacer siempre: ser nosotros quienes vivamos la fe que predicamos, haciendo de los valores del Reino el patrón para cada cosa que hagamos. Denunciado el mal allí dónde lo veamos y viviendo el bien de una manera intensa.
Lo que la Biblia nos deja como mandamientos son de aplicación exclusiva en el ámbito de la comunidad de los salvados. No legisla para el mundo y no pretende que quienes no sean aún nuevas criaturas vivan sus verdades o aún las acepten. De quienes se espera que cumplamos con lo escrito es a nosotros. El Sermón del Monte es para nosotros hermanos.
Es por ello que hoy más que nunca debemos levantar en cada hogar la bandera de Cristo, haciendo de cada familia cristiana una clara demostración de que el plan de Dios para el hombre y la mujer es el mejor y el único que trae bendición y verdadera dicha. Mostremos que, lejos de ser perfectos por nosotros mismos, cada día nos ponemos en las manos del Señor para que él nos vaya perfeccionando. Que es Cristo en nosotros el secreto para una vida plena. Que no somos mejores que nadie, pero que nos dimos cuenta de ello y cada día dependemos del amor y de la misericordia de Dios. Esa es nuestra parte y en un mundo dónde todo parece relativo, esa es nuestra revolución: mostrar que los valores eternos e inmutables del Reino de Dios aún tienen vigencia y son los únicos capaces de dar sentido de propósito a la existencia humana.
Amemos a Dios, busquemos más de él, oremos por todos, amemos a todos, aún cuando no aceptemos su forma de vivir. Cristo amó a los publicanos y prostitutas de su época, pero los amó tanto como para dar su vida por ellos para que ellos pudieran tener una vida distinta.
Sigamos orando por nuestro país, por nuestras autoridades. Sigamos predicando el evangelio de Cristo, el de la salvación integral de las personas, al mismo tiempo que lo vivimos cada día en cada cosa que hagamos.
Cristo dejó sal y luz en el mundo, porque sabía que el mundo se va degradando y oscureciendo cada día más. Siendo nosotros esa sal y esa luz, cumplamos nuestra función hasta el día en que nuestro Señor nos reúna a todos con él. Que nuestros corazones y nuestros hogares sean antorchas encendidas por Cristo para salvación de todos los que nos rodean.
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José  - Matrimonio Homosexual un Desafio a Dios     |190.42.118.xxx |2011-02-16 03:32:30
El sexo y la sexualidad de cada persona han sido definidos por la naturaleza al
momento de su concepción y por Dios antes de su concepción, puesto que la
naturaleza se desarrolla en armonía con Dios. Y así nacemos con los órganos
que correspondan a esa sexualidad, que Dios ha querido darnos. Así también
nacemos con otros órganos como los ojos y otros miembros como las manos. Y
también nos ha dado una completa libertad y libre albedrío para hacer con
nuestros órganos o con nuestros miembros lo que mejor nos plazca; pero
previamente nos hace saber desde siempre, lo que es bueno y lo que es malo; y
Dios se da la molestia de recordárnoslo siempre, como el padre amoroso, que
es.
Tenemos la libertad de escoger qué hacer con la habilidad de las manos, o
con nuestra sexualidad. Podemos escoger libremente usar las manos, y un cuchillo
para cortar y servir un suculento pastel que alegre a alguien; o podemos usar
las mismas manos y el mismo cuchillo para asesinar a un hermano y hacer un
terrible daño. Evidentemente los resultados y las consecuencias de ambas
acciones son diametralmente opuestos; y ambas provienen del libre albedrío de
la persona. Y, mientras la acción de alegrar a alguien con el pastel, le
agradaría a Dios; la otra, la de asesinar a un hermano le sería muy penoso,
“abominable”, al decir de la Biblia.

Así también podemos elegir
libremente qué hacer con nuestra sexualidad. Usar nuestra sexualidad para
formar una pareja en un matrimonio que agrade a Dios y nos de su bendición; o
usar la sexualidad en actos y contactos abominables a los ojos de Dios, y
abominables a los ojos de los hombres honestos. También ambas opciones tienen
resultados diametralmente opuestos; mientras la relación del matrimonio que
Dios considera legítimo, le resulta agradable a sus ojos y lo bendice; la
relación entre seres del mismo sexo le resulta abominable; al extremo de
legislar para los hebreos el extirpar el homosexualismo de raíz y con la
muerte; para que su pueblo escogido sea bendecido.

Hay una pregunta que
frecuentemente se plantea sobre el asunto de la sexualidad: "¿Entonces los
hombres y mujeres no tienen derecho a escoger su sexualidad para “ser
felices”?"

Los hombres y las mujeres, no sólo tienen derecho de escoger
su sexualidad, sino que siempre escogen libremente sus actos, con los que buscan
y “encuentran la felicidad”, aunque esa “felicidad” sea solamente una
satisfacción física, Dios jamás les va impedir escoger libremente sus actos
para “ser felices”, solo hay que tener mucha claridad de lo que uno escoge;
puede escoger un camino que lo ponga bajo el manto de Dios o puede escoger un
camino opuesto que lo ponga bajo el dominio del diablo, ambos caminos son de su
libre elección. Bajo el “dominio del diablo”, créanlo o no.

Esa
“felicidad” escogida, unos la encuentran en el matrimonio que Dios bendice;
es decir en el camino recto de Dios; y otros dicen encontrarla en actos
perversos abominables a Dios; como en la pedofilia, el adulterio, la sodomía u
otros. Un pedófilo encuentra “la felicidad” en la violación a una inocente
criatura, y estará “feliz” mientras se encuentre cerca de niños que
pudieran ser sus víctimas. Un adúltero será “feliz” en sus actos de
adulterio. Un sodomita será “feliz” en sus actos contra natura. Pero todas
estas “felicidades” son abominaciones para Dios y lo entristecen, y por
tanto es aborrecible para los hombres de recto corazón.

Dios ama a los
heterosexuales que caminen en su Ley, y también ama a los heterosexuales y
homosexuales que cometen actos abominables; porque Dios es su padre; padre de
todos. Y como todo padre siempre espera que sus hijos caminen en su Ley, y
espera que los que han escogido al diablo como su padre vuelvan a él. Siempre
espera que los que cometen abominaciones vuelvan a su camino, reconozcan lo
abominable de esos actos y se arrepientan de todo corazón, dejando y rechazando
esos actos aborrecidos por Dios.

La primera página de la Biblia, en Génesis
1:27, nos enseña que Dios creó al ser humano "varón y hembra", o sea
hombre y mujer, no homosexual ó lesbiana. Esto indica que el ser humano fue
creado en dos personas de anatomía diferente, y cada uno con una naturaleza
orgánica distinta y definida, propia para los fines de la procreación. En este
mismo libro sagrado, la Palabra de Dios también nos habla de la unión
matrimonial entre el hombre y la mujer "Por cuya causa dejará el hombre a
su padre, y a su madre, y estará unido a su mujer: y los dos vendrán a ser una
sola carne" (Gn 2:24) y abierta a la vida “y hecholes su bendición, y
dijo: creced y multipicaos” (Gn 1:28). El homosexualismo no solo no lleva a
cabo ninguno de estos dos valores inherentes a la sexualidad humana, tal y como
Dios la creó: la “unión en una sola carne” en el matrimonio y la
procreación. Pues la relación homosexual es la unión entre “dos medias
carnes”, y nunca jamás llegarán a ser una sola carne. Y de esa unión no
nace la vida sino la muerte, de los dos, la muerte de eterna condenación.

Los
pasajes más directos y específicos de la Biblia contra la práctica homosexual
se encuentran en el Levítico 18:22; 20:13 y en 1 Corintios 6:9-11:

1. "No
te echarás con varón como con mujer, es abominación" (Lv 18:22).

2.
"Si alguno se juntare con varón como con mujer, abominación hicieron;
ambos han de ser muertos, sobre ellos será su sangre" (Lv 20:13).

3.
"¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis;
ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni
los que se echan con varones (sodomitas), ni los ladrones, ni los avaros, ni los
borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de
Dios" (1 Co 6:9-10).

Algunas veces se escucha, como apología al
homosexualismo, recurrir a observaciones de “homosexualidad” en algunas
especies de animales. Lo que como excepción de la regla algunas veces pudiera
suceder, muy pero muy raramente y extraídos de su contexto natural. Y
efectivamente en una oportunidad, el autor de este artículo,
circunstancialmente, observó a un cerdo macho en coito con otro cerdo macho, y
por la eyaculación del cerdo que hacía las veces de hembra se pudo colegir que
este último también sentía placer sexual. Pero, independientemente de que
existiera o no hermafroditismo, estos eran animales, CERDOS, que no tenían nada
que perder en este acto contra natura, que probablemente Dios ni lo toma en
cuenta, puesto que los animales no han sido creados con discernimiento
moral.

En cambio los humanos, creados a semejanza de Dios, en un acto
homosexual lo pierden todo, rechazan la paternidad de Dios, pierden su alma,
porque con estos actos están desafiando a Dios, escogiendo la paternidad de su
enemigo, el diablo. (Juan Cap 3-8): “Quien comete pecado, del diablo es hijo,
porque el diablo desde el momento de su caída continúa pecando”.


En
consecuencia la legislación humana de aceptación del matrimonio homosexual es
un abierto desafío a Dios; aún cuando la tendencia de los legisladores
actuales sean de neutralidad religiosa, e independientemente de que reconozcan o
no a Dios, su responsabilidad y su actitud es la misma: de desafío a
Dios.
Continua parte II en: www.renacelaverdad.com
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