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Pensamos que el tema de reciclar cosas, es decir de tomar algo que parecía desechable y volver a usarlo entero o en el aprovechamiento de sus partes, es cosa de este tiempo en el que la conciencia por la degradación de nuestro medio ambiente se va instalando en cada uno de nosotros. Pero la realidad es que siempre la humanidad se las ha ingeniado para volver a usar los recursos que ya se creían perdidos. Muchas armas oxidadas se han vuelto a fundir para producir elementos para el agro. De manera inversa, muchas herramientas agrícolas se han vuelto a fundir para producir armas. Y así con muchas cosas; las piedras y los ladrillos de una casa derrumbada se usan para construir otra, por ejemplo. También se puede hablar de cierto “reciclaje” humano, cuando vemos las vidas de personas que no conocían más propósito que el mal y que de repente han cambiado sus vidas para convertirse en gente de valor y de provecho para los demás. Es el fin de muchos de los sistemas penales del mundo, que fallan en la gran mayoría de los casos pues no consideran que el corazón humano sea la cosa más dura de reciclar si no interviene la mano experta de quien lo diseñó. Esa mano de Dios es experta en transformar lo que parecía muerto o ya sin propósito y convertirlo en algo digno, con un nuevo uso y una nueva vitalidad. Hay artistas que se especializan en formar obras de arte a partir de la basura, de lo que otros consideraban materia de desecho. Pero ningún artista puede reproducir los resultados que Dios tiene cuando su mano toca las vidas de las personas. Y el secreto no está en la materia prima, como si Dios gozara de cierta ventaja en su tarea de dar nueva vida a las personas. Hablando a la iglesia de Corinto, el apóstol Pablo les recuerda el origen de cada uno de ellos: “Miren hermanos su vocación, que no son muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios para avergonzar a los sabios, y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es...” (1 Co 1.26-29) No, la materia prima que Dios usa, es decir vos y yo, no es la que garantiza los resultados, sino lo que Dios puede hacer con nosotros. No es nuestro esfuerzo por cambiar, sino dejar que su mano nos vaya moldeando. No son nuestras virtudes, sino la huella de sus dedos lo que puede hacernos hombres y mujeres de valor en él y para él. Es su creatividad y su iniciativa lo que produce el milagro de vidas con oportunidades de nuevos comienzos.
Por ello es que servirle debe ser lo mejor que nos puede pasar, pues fuimos tomados de la basura y el descarte para ser el lienzo dónde él plasme su mejor obra. Aún así, muchas veces vemos nuestra nueva utilidad, la posibilidad de ser útiles en sus manos, como una carga insoportable. Viniendo a ser vasos para su uso, preferiríamos no tener tan grande “peso” encima de nosotros buscando en otros lados el gozo que sólo puede venir de ser usados por las manos del que nos ama. Y lejos de él volvemos a mancharnos y a dejar ese brillo que teníamos cuando estábamos en sus manos. Cualquiera que nos mira piensa que somos materia para el tarro de la basura, que no vale la pena gastar tiempo en limpiarnos para ponernos otra vez en servicio útil. Sólo quién nos hizo sigue viendo en nosotros la posibilidad de un posterior uso. Por lo que cuando nos ve en la miseria, nos vuelve a tomar para limpiarnos, para acomodar lo que está fuera de lugar y para volver a usarnos para su propósito. En Dios siempre hay la oportunidad de un nuevo comienzo, de un nuevo servicio a su lado. Si ya estás sirviendo al Señor, hoy tal vez sea la oportunidad de agradecer una vez más el que él te haya escogido para su uso. Recordá de dónde te tomó y vas a ver cómo no podrás evitar que tu corazón se derrame en adoración. Si hace rato que perdiste la noción de ser alguien útil en sus manos, hoy tal vez sea el momento para mirar y ver que cosas se te han pegado por el camino, cosas que te han hecho momentáneamente inútil. Y si descubrís que es lo que te ensucia, ponéte en manos del Dios de los nuevos comienzos. Y si todavía no has encontrado propósito en tu vida o pensás que no podés ser útil a nadie, elevá tus ojos al cielo, pidiendo que la mano de Dios te toque, limpiando tu vida por medio del sacrificio de Cristo. Será el comienzo de una vida para la gloria de Dios. A unos y otros, agradezcamos que hay alguien que nunca nos descartará, sino que siempre está viendo la obra de arte que puede producir a partir de nosotros y con nosotros. Alguien que te ama y que quiere hacer algo nuevo con vos hoy. by Marcos Felipe
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