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¿Porqué los cristianos se apartan del Señor?
 

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Reflexiones Cristianas - No me avergüenza el evangelio

Son momentos en los que la creencia en un Dios soberano y santo parece ser considerada por el mundo iluminado como la marca evidente de una mente cegada, de gente que no reconoce que el conocimiento humano ha evolucionado, ya dejando atrás todo lo que tenga que ver con "leyendas" que estaban bien para gente inculta de otras eras, pero no para la gente inteligente de este tecnológico siglo XXI. No es raro que no teniendo en cuenta a Dios en sus vidas, vean todo el asunto de la Biblia como algo que va contra el supuesto adelanto de la mente humana. El hombre y la mujer modernos se han independizado de Dios, creyendo que ellos saben manejarse solos y viviendo como consecuencia el resultado de esa elección.
¿Y nosotros?, por qué no seguimos al resto y desechamos a Dios y su evangelio de nuestras vidas? No lo hacemos porque no queremos hacerlo, porque en Dios hemos encontrado nuestra vida, nuestro propósito, nuestras fuerzas, nuestro todo. No lo hacemos porque lo nuestro no es la simple adhesión a una idea, sino que es la unión con el que nos creó por medio de la obra de su Hijo. Hemos encontrado en Cristo la verdadera vida con la que comparada con ella, nada de lo que hoy se llama vida vale algo. Desde la eternidad él nos ha llamado y nosotros hemos oído su llamado, llamado que nos ha libertado de aquellas cosas que nos alejaban de él.
Habiendo encontrado la verdadera vida, miramos con dolor cómo los que andan a nuestro alrededor se empeñan en alejar a Dios de ellos, creyendo que en ello hay alguna sabiduría, no entendiendo que alejando a Dios de ellos están apartando sus vidas del mayor bien que es saberse amado y cuidado por un Dios personal y vivo.
No nos avergonzamos del evangelio, pues es el evangelio el que nos hace libres al contarnos cómo Cristo tuvo que venir a padecer por nosotros a causa de todo lo malo que hemos pensado, hecho o dicho. Es el evangelio el que me dice que mis faltas merecían un castigo y que el pago por ese castigo ya fue hecho en la cruz del Calvario. Es el evangelio el que me habla y me llama a creer en ese sacrificio y a entregar mi vida para que la gobierne Jesucristo. Es el evangelio el que me lleva a una vida vivida a la luz de la vida de Jesucristo, dónde hacer lo que a Dios le agrada es posible.
Podemos decir, como dijo el viejo pescador una vez: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6.68). No hay otro lugar para nosotros, no hay otra vida.
El evangelio no nos hace perfectos, al contrario, nos muestra lo lejos que estamos de serlo, pero nos muestra también que confiando en Cristo, podemos vivir vidas plenas, gozosas, cuando nos depositamos confiados en sus manos. No somos perfectos, pero permitimos que Dios nos vaya haciendo cada día un poco más parecidos a Cristo, su Hijo.
El evangelio es la oportunidad para una verdadera nueva humanidad, por ello es que quisiéramos que todos creyeran en él. Porque conocemos lo que las decisiones del hombre le han costado al hombre mismo es que no nos cansamos de anunciar la verdadera libertad, esa que se encuentra en la relación con Cristo por medio de creer el anuncio del evangelio. Nuestro llamado no es a entrar en una religión, sino en una relación viva y renovadora con el Salvador de la humanidad. Sabemos que es lo que el hombre y la mujer necesitan y por eso no callamos, aún cuando se nos llame “retrógrados”, “arcaicos”, “tontos” o cuántos apelativos nos pongan aquellos que no creen lo mismo que nosotros, quienes no saben que oramos por ellos, para que algún día ellos mismos alcancen la salvación que nosotros hemos encontrado en Jesús.
Pablo decía en Ro 1.16 “No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación de todos...”. Nosotros asentimos con un fuerte ¡Amén! A lo que él dice.
Seguimos predicando a todos los que quieran escuchar y a aquellos que no, porque entendemos que sólo en Cristo llegarán a tener existencias felices en esta vida y en la siguiente.
Hijo de Dios, sin importar los ataques presentes, no te avergüences del evangelio que te ha hecho libre. Hoy más que nunca sé un fiel apóstol de aquel que te ha salvado para que lleves su luz a las naciones. Sean nuestras las palabras de los apóstoles de nuestro Señor cuando ellos mismos enfrentaron momentos de persecución: “Porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído” (Hch 4.20). Ellos no se avergonzaron y por ello transformaron su mundo. Traer la transformación que Cristo ofrece al mundo hoy es la tarea de aquellos que se mantengan firmes en lo que creen, sin avergonzarse del evangelio que los liberó.
Comentarios
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Eleazar alvarado   |71.33.158.xxx |2011-02-20 17:46:11
Tu reflexion esta muy buena
Ronald vargas   |186.178.166.xxx |2012-10-26 23:40:38
Estubo bueno le agradezco a Dios Primeramente por encontrar lo k keria
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